Hay situaciones que resultan dificilísimas de describir, de narrar, en este caso no por la complejidad del hecho sino por la dificultad de encontrar los adjetivos que sinteticen aquello que se está viviendo. Eso ocurre cada año en oportunidad de la partida de las embarcaciones hacia las zonas de pesca, aún para aquellos que estamos verdaderamente acostumbrados a revivirlo en cada edición. Es por eso que quienes nos visitan y lo ven guardan en sus retinas una ráfaga meteórica de 30 minutos que les provocan la sensación de haber apreciado algo único, espectacular, vibrante; transformándose luego en el recuerdo más profundamente grato que se llevarán de esta fiesta. Y cuando deban actualizarlo caerán otra vez en la cuenta del "no te lo puedo contar así nomás", "tenés que vivirlo, estar allí", "hay que ver para creer"...
La observación del comportamiento de los animales demuestra que poseen un código específico de señalización. Se trata de un sistema de comunicación altamente desarrollado. Por ejemplo, las diversas posturas corporales para indicar agresividad o sociabilidad, los diferentes gritos y los cantos de las aves, en distintos niveles, permiten hablar tanto de comunicación gestual como de comunicación vocal. Sin embargo, no puede hablarse de lenguaje animal, porque faltan las condiciones fundamentales de una comunicación propiamente lingüística. Si se observa la danza de las abejas cuando, después de haber libado, regresan a su colmena, puede constatarse una comunicación gestual. En efecto, cuando una de ellas descubre una fuente de alimento, ejecuta ante los demás habitantes de la colmena, una danza que indica el exacto emplazamiento de la flor de donde vuelve. Poco tiempo después, llegan las otras abejas a la misma flor. Estas danzas que disponen de dos componentes esenciales, como los...









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